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domingo, 22 de marzo de 2020

Integridad I

Integridad I



Integridad es la consistencia interna que viene de una honestidad rigurosa y de fuertes principios éticos. Supone reconocernos como un ser indiviso y completo. La integridad surge de la comprensión de que tenemos la capacidad de resistir debilidades tales como entrar bajo la influencia de los demás, dudar de nosotros mismos o caer ante el influjo de tentaciones o amenazas. Sabemos y experimentamos que nuestro espíritu no se puede romper. Nuestra base es el coraje y el auto-respeto. Vivimos nuestra vida siguiendo principios éticos claros y diáfanos, sobre los que hemos reflexionado en profundidad y que expresamos a través de nuestras palabras y comportamiento. Somos lo mismo interna que externamente. Esto nos hace honestos y dignos de confianza.

La integridad trae contentamiento. Contentamiento significa vivir una vida en la que nos sentimos satisfechos, plenos y felices con aquello que hemos conseguido y disponemos. Nos sentimos en armonía con nuestra vida y logros. No somos avariciosos ni nos preocupamos por acumular sino que somos generosos.

Se dice: “Vive cada día como si fuera el último.” Se puede extender el significado de esta máxima a cada momento del día a través de la práctica de la honestidad y de un mayor reconocimiento de la importancia del tiempo.

Desde la integridad cambiamos nuestra visión del mundo y nuestra visión del ser en el momento en que nos damos cuenta de que somos, en esencia, un alma hermosa y llena de amor, y que todo depende de nuestra manera de pensar. De esta manera transformamos la visión de todo lo que nos rodea y la interpretación de los eventos y circunstancias. También cambian nuestros sentimientos en relación a eventos del pasado.

lunes, 4 de noviembre de 2019

Ser no violento

Ser no violento



¿Somos violentos? Muchas personas que piensan que siguen un camino espiritual considerarían que no lo son, y sin embargo, cualquier clase de pensamiento negativo es, de hecho, una forma de violencia.

La ira, por ejemplo, a menudo empieza con pensamientos tales como “no me gusta esto”.

Si no somos capaces de sentir amor hacia nosotros mismos, nuestra familia o amigos, significa que hay algún tipo de violencia en nuestro interior.

Tener la actitud interna de juzgarnos y criticarnos, en lugar de hacer esfuerzos para nuestro progreso espiritual con amor, paciencia y fe, también es una forma de violencia. Al igual que lo es rechazar a los demás.

Menospreciar a alguien, hacer que alguien caiga, ser indiferente hacia los demás, son también formas de violencia.

La verdad, por otro lado, siempre es no-violenta.

La verdad nos dice que puede ser que las personas tengan defectos, pero nosotros somos los amos de nuestros ojos y así depende de nosotros elegir cómo miramos lo que sea que venga enfrente.

La verdad es que cada vez que nuestra atención se dirige a las debilidades o defectos, nuestros o de los demás, reprimimos nuestro almacén de tesoros de grandeza. Esto también es violencia.

Hemos aprendido a tener miedo de reprimir nuestra negatividad, pero reprimir nuestra grandeza conlleva una pérdida incluso mayor.

La verdad nos dice que permanezcamos sabios y compasivos, incluso cuando confrontamos la ira. Nos dice: “Mantén tu dignidad ya que eso permitirá que los demás recuperen la suya”.

jueves, 15 de noviembre de 2018

¿Problema o regalo?


¿Problema o regalo?




Nuestra visión y perspectiva de la realidad condiciona nuestro estado de conciencia y actitud en el momento de afrontar y responder a las situaciones que se nos presentan en la vida.

Cuando la situación que se nos presenta desestabiliza nuestros planes o va en contra de nuestras expectativas, si nuestra visión permanece en el plano horizontal, solemos describirla como un problema. Viendo la situación como un problema nuestra reacción interna es de desagrado y rechazo, pues se sale del guión previsto y supone una molestia o incomodidad.

Elevando un poco más la visión, como si desplazáramos nuestra consciencia en un eje vertical y observáramos esa situación desde una posición más elevada, empezamos a vislumbrar que no se trata de un problema, sino de un reto. Un reto conlleva también una oportunidad de fortalecernos y progresar, usando nuestros recursos internos para afrontarlo y superarlo. Viendo la situación como un reto, también experimentamos el estímulo de superar y vencer un desafío. El coraje y la determinación incrementan en nuestra actitud.

Si seguimos elevando nuestra visión, si observamos la escena desde la estabilidad y quietud del estado de un observador desapegado, entonces descubrimos que esa misma situación no sólo es un reto y una oportunidad, sino que es un regalo. La vida me ofrece una perla de sabiduría en la forma de un reto o desafío, pero sé que detrás de las apariencias se esconde un precioso regalo diseñado exclusivamente para mí, lleno de secretos que me van a permitir alcanzar nuevos horizontes de entendimiento y realización.

Con una visión espiritual y elevada, la vida se convierte en un juego maravilloso que, a través de las situaciones diferentes y cambiantes, nos ofrece valiosos regalos para nuestro progreso y desarrollo interior.